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25 AÑOS DE CAMPAMENTO
QUINTANAR DE LA SIERRA
El oír hablar de Quintanar de la Sierra, hoy en día en
nuestra villa, no es nada raro. Ello es consecuencia de que lleva instalándose
allí durante 23 años consecutivos el campamento juvenil de verano por el grupo
Gaztedi Txiki de la Parroquia de Nª Sª. De Fátima de los Capuchinos.
Quintanar de la Sierra es una villa burgalesa al este de su provincia y lindante con la de Soria. Zona de privilegio, situada a los pies de Picos de Urbión y revestida toda su superficie por un inmenso mar de pinos. Son los famosos pinares de Soria.
Dada su altitud, más de mil metros sobre el nivel del mar, goza de un clima excelente, fresco y seco, propio de la alta planicie castellana. En su limpia atmósfera nocturna brillan las estrellas con una luminosidad extraordinaria y la luna resplandece como dueña y señora del firmamento.
Además de su atractivo panorama, en sus proximidades existen parajes llamativos y dignos de admiración como Revenga, Picos de Urbión, Playa Pita, a orillas del pantano Cuerda del Pozo, Lagunas Negras de Soria y de Neila, Cañón de Río Lobos, Las Calderas, Vinuesa, Covaleda, Silos, Garganta de Yecla, etc.
También en Quintanar está presente Rentería. El pueblo recuerda y rinde honores a un insigne renteriano, Ernesto Sanz y Sanz, ilustre profesor de su Instituto durante muchos años. Una efigie suya está presente en un jardín de la localidad.
Pues bien, en Quintanar, en uno de sus idílicos rincones, en Revenga, entre frondosos y esbeltos pinos, a orillas de un riachuelo, se lleva instalando desde hace 23 años (1981) el campamento juvenil de la Parroquia de Capuchinos.
Dentro de la organización parroquial, en aquellos momentos regida por Felipe Mujika, un grupo de catequistas – Lourdes San Pedro, Esther Gutirrez, Arantxa Zipitria, Arantxa Juanbeltz, Ramón Aznar, ... – tomó la iniciativa de instaurar un campamento con miras al cuidado de la formación juvenil. Ello supuso una dedicación y tesón admirables, puesto que se trataba de una organización parroquial, por lo tanto amateur y sin recurso económico alguno.
A raíz de este movimiento se formó Gaztedi Txiki, – Grupo de Tiempo Libre – orientado a prestar atención a los chavales de la Parroquia. Este grupo es quien se ocupa, desde entonces, de la organización del campamento, así como de la participación en Carnavales y otras actividades.
Cuando en alguna tertulia del "campa" en que ocasionalmente coinciden algunos veteranos, Aitor Oiarbide, Arturo Pérez de Gállego, Pello Ibarguren, Maite Ruiz de Azúa, Santi Moriones, Josune Errandonea, Amaia Salaberria, ........., gozas oyéndoles narrar las peripecias y vicisitudes que tuvieron que ir venciendo; el cúmulo de anécdotas y vivencias que ellos y sus sucesores han vivido es innumerable y aleccionador.
Los dos primeros años, 1.979 y 80, se fundó e instaló el campamento en Oncibieta y Minchate, cerca de Isaba, con unas instalaciones muy primarias, prestadas por la Parroquia de Capuchinos de Pamplona, y sin comodidad alguna.
La inclemencia del tiempo y la larga distancia que separaba el campamento de Isaba, infundieron cierto desánimo.
Surgió entonces una persona que conocía perfectamente Quintanar, muy relacionada con ella por la compra de madera para la construcción: y como además su hijo estaba involucrado en este movimiento, propuso y convenció a todos – previa visita al lugar – para desde entonces instalar el campamento en Quintanar de la Sierra. Esta persona era Félix Oyarbide, que se convirtió desde ese mismo instante en el más adelantado de los promotores de la institución.
En la organización de una colonia juvenil dos son las facetas más importantes: los monitores con su organigrama y el complejo de instalaciones. Las dos cosas van mejorando y evolucionando con el tiempo y la experiencia.
Es muy lógica la evolución de las instalaciones cuando se parte de cero, sin ningún recurso y con tiendas y útiles prestados. Todos estos componentes se han ido adquiriendo en propiedad y han ido renovándose.
Hoy día sus instalaciones son confortables: un hermoso comedor-salón para 70 personas con mesas y bancos fijos, un almacén para géneros y estancia de monitores, instalación de alumbrado eléctrico por medio de generador, traída de agua por bombeo para servicio general, ducha, campos de fútbol y baloncesto, etc.
Pero el servicio más atractivo y gratificante para los chavales es la presa construida en el río – que mal suena su nombre – Cabrones, allí mismo, en el mismo "campa". Es un tramo de su cauce totalmente hormigonado, y una instalación de compuerta con tablones desmontables: una obra de ingeniería fabricada por Felipe y sus primeros monitores. A Arturo se le formaron allí sus primeros callos. Aquí, en este privilegiado lugar, se lleva a cabo el bautizo obligatorio de todo monitor novato,
se le arroja a la presa por supuesto vestido.No cabe duda que el factor más importante en todo campamento o colonia juvenil son los monitores. Son ellos quienes desarrollan todo el organigrama de la institución.
Es larga y complicada toda la planificación de los actos a desarrollar, que preparan ya de antemano. Y también es duro y sacrificado el esfuerzo diario que tienen que dedicar para ponerlo en práctica. Tras la cena es larga su sobremesa para poder estudiar los actos del día siguiente. La preocupación de guiar a 70 chavales requiere tesón, dedicación y responsabilidad; si estás con ellos destaca el ambiente de responsabilidad que les domina. Ellos saben que la vida de un campamento puede influir definitivamente en la formación de un chaval.
Uno de sus monitores destacados – Luis Elizetxea – recuerda en sus memorias del campamento: "Para mí el campa fue una vivencia que me dio la oportunidad de salir de casa por primera vez, de pasar quince días anuales con personas que han significado mucho / todo para mí. He convivido allí con mi novia, con mi hermana, con mi cuadrilla, con mis mejores amigos y también con mis mejores enemigos. En fin, he aprendido a pelar una manzana del postre y a morrear a las chicas por perder en juegos de prendas".
Una de las principales vivencias del campamento es la marcha de dos días, con noche a la intemperie incluida. Su desarrollo requiere un estudio especial del recorrido, algunas veces hasta guía, y también un esfuerzo y dedicación más intensivos. Para los chavales es un aliciente la experiencia de dormir al aire libre: y también para los monitores, ya que a Bea Mitxelena le encanta contemplar las estrellas y a Jaione Pikabea le hechizan las fugaces.
Como es lógico el grupo de los monitores va evolucionando, surtiéndose siempre del grupo Gaztedi de jovenes que antes han vivido el "campa", y alguno de ellos obteniendo el título oficial para poder regentar la organización.
Además de los ya citados hasta ahora, destacan por su dedicación intensa y prolongada Zorion Goitia, que es capaz de llevarse tras de sí a cuantos críos desee, Nere Mitxelena,Joseba Olaskoaga, Jaione Lizarazu, ...
En 1994 asume la dirección del campamento Kepa Goienetxe, nuevo párroco de Capuchinos y con él van surgiendo otros nuevos: Agustin Ortega, Olatz Miranda, Mikel Lasa, Ramón Lasa, Olaia Arana, Asier Mujika, Imanol Escudero, Anartz Mujika, Olatz Vilar, Borja Galdós, Miren Arbelaiz, ...
Se trata de una relación de jóvenes que han dedicado y están dedicando esos bonitos años de su vida, con entrega y abnegación, a una causa meritísima. Lo bonito de esto es que, al final, este trabajo les resulta satisfactorio y gratificante; de ahí que para muchos de ellos sea harto penoso el desligarse totalmente de la actividad. Su refugio viene a ser el equipo de montaje. Aquí el veterano por antonomasia es José Juanbeltz y los maestros Sebas Irastorza, Zorion, Paco Ortega y Agustín Ortega; una docena de ayudantes completamos el rol, entre ellos Arturo, Germán Beraza, Mikel y Ramón Lasa, Aitor y Angel Oiarbide, Peio Ibarguren "senior",... El ingenio y la habilidad de estas personas hace que las instalaciones vayan mejorando, renovándose y creciendo.
Hay otro grupo de personas que forman también parte de la vida del campamento, y una parte además importantísima. Se trata de esas señoras abnegadas que soportan el peso de la cocina; hay que trabajar mucho para preparar la manutención de 80 personas. Eso, se sabe en el campamento, y por eso son muy queridas por todos, y hasta se les mima en ocasiones con algún pequeño homenaje. Ellas también se dejan querer y, supongo que por instinto maternal, intentan participar en todos los actos que su ocupación principal se lo permite.
El precursor de todas ellas fue Felix Oronoz, durante los cinco primeros años; y aunque resulta dificil nombrar a todas las demás, sería una injusticia no hacerlo con Bittori Gastón, Lourdes Cendoia, Sabina Erasun, Nati García, Puri Vázquez, Lola Lazcoz, Antxoni Balda.
En homenaje a todas ellas voy a citar la poesía que en unos "Juegos Florales" una monitora del campa le dedicó a Lola Lazcoz:
Buenas noches y hola
Te digo mi querida Lola,
Espero que este año
No me ponga potola
Con tu comida y la Coca-Cola,
Espero que no saques la pistola
Porque en el fondo te tengo cariño,
Lola.
Esta es la vida y ésta es, a grandes rasgos, la organización de un campamento o colonia juvenil.
Deseamos a todos sus componentes una feliz celebración de su 25 aniversario. Felicitémosles por lo ya realizado y esperemos que su futuro sea espléndido y gratificante para todos ellos.
¡ZORIONAK!
" Sevillé"