Hace tanto tiempo...

Ando unos días un tanto pensativo. Son esas cosas que pasan cuando alguien te dice que tienes que escribir sobre no sé qué. Pero esta vez es, en cierto modo, diferente. Tengo que escribir sobre el campamento lo que lo hace más difícil si cabe.

No quisiera hacer un texto que deje cosas en el tintero, ni personas, ni sentimientos, ni tan siquiera estoy seguro de que sea capaz reflejar en un papel tantas y tantas sensaciones, amigos, vivencias... Pero lo intentaré, intentaré haceros ver cómo dos ideas y cuatro personas cambiaron mi vida.

Hace ya muchos años me decidí a ir a un campamento con unos amigos, entonce yo era un chaval. La primera noche alguien entró en la tienda cuando dormíamos, preguntó algo acerca de un saco de dormir. Medio dormido farfullé algo sobre el saco que no existía y que, evidentemente nadie encontraba. No era consciente en ese momento de la importancia que iba a tener aquel encuentro. Nunca te das cuenta de lo importantes que son las cosas y los momentos que vives con todas las personas que te rodean hasta que en la distancia contemplas lo vivido y dejas que una leve sonrisa ilumine tu rostro mientras en tu interior algo estruja tu corazoncito.

Pero volvamos donde estábamos... Aquel encuentro marcó el comienzo de una verdadera amistad que afortunadamente todavía mantengo.

Al día siguiente empezó una aventura que lleva ya... tantos y tantos años. Llovía, no muy fuerte pero con insistencia. El aire se empapaba de ese olor a hierba mojada y entre las tiendas íbamos y veníamos detrás de un balón, alguien pegó un grito y... dejamos de jugar. Ese no era el sitio, no era el lugar.

No os voy a aburrir con quince días de ires y venires, de juegos, de risas, de amigos... de amigas, de mil sensaciones. Tengo muchos recuerdos de ese primer campamento, de todas las cosas que hice y de las que no hice. Hay cosas que hubiera deseado hacer, pero...

Recuerdo especialmente el último día, con sentimientos encontrados, feliz por volver a casa pero triste por dejar a tantos y tantos nuevos amigos. No volvería nunca más, ya que, para mí, como para otros, era mi primer y último año, por edad no podría volver. ¿Por qué las cosas buenas se acaban siempre tan pronto?

Pero no fue así, la suerte hizo que al año siguiente volviera. Y mi suerte no acabo ahí, porque al siguiente también lo hice. Y tras volver también al año siguiente pensé que mi suerte habia cambiado... para siempre. Volvi otro año y otro y otro, y así hasta hoy. Y solo os puedo asegurar que... si puedo, volveré otro y otro, y así... hasta que me echen.

No quisiera terminar sin hacer dos apuntes más.

"La historia se repite", reza el dicho y transcurridos unos años me ocurrió lo que paso a contaros. Estábamos los de siempre trabajando en la presa con el cemento, las piedras, el agua... Bueno, algunos ya lo sabéis. Cuando sucedió lo siguiente:
"Acércame una piedra para poner aquí", dijo alguien. Al punto, el novato, partió raudo y veloz a completar la tarea encomendada. No tardó mucho cuando apareció con una enorme roca digna del mejor de los levantadores. El resto nos miramos incrédulos y rompimos a reir. "Astopotro", murmuró alguien entre risas. Momentos como ése no se olvidan nunca, principalmente porque desde ese día ese "novato" es uno de mis mejores amigos.

Y el segundo apunte, no por ello menos importante, reza así. Era un año más, igual que el anterior, pero diferente a todos los demás, cuando de repente... "Hala, si son iguales, pequeñitos pero iguales", no había forma humana (para mi, al menos) de diferenciarlos. Allí mismo los bauticé. "Os llamaréis Ramon Mikel o Mikel Ramon como prefiráis". Afortunadamente, para ellos, el tiempo lo cura todo, incluso mi torpeza visual.

En el tintero, ya cerrado, han quedado muchas otras anécdotas y personas queridas, pero ellas saben quienes son y saben dónde encontrarme. Sobre todo, tú.

Itzuli / Volver