Van pasando los años y llega un momento en la vida en que te paras y echando la vista atrás recuerdas los momentos vividos a lo largo del camino.

Este es uno de esos momentos. Con motivo del 25 aniversario he tenido ocasión de pararme y pensar en el campamento, en concreto en su montaje.

Al principio, bueno al menos en mi principio el montaje del campamento se resolvía con cuatro o cinco personas que se adelantaban a todo el mundo y pasaban una semana "extra" en el campamento. Trabajabas, pero tampoco era algo excesivo, hasta que... él decía: "Bueno este año tendremos que hacer unas chapucilla en la presa, ¿no?". Entonces te ponías lívido, mortecino, un escalofrío recorría tu cuerpo y esa extraña sensación de humedad se apoderaba sin remedio de ti. Cuando mirabas hacia abajo te dabas cuenta de que, sin saber cómo, tenías los pies a remojo y el sol te fustigaba la espalda.

Los primeros años recuerdo que siempre estaba ansioso porque me dijeran "Vénte a montar" y esperaba ese momento tan deseado. Por fin, un año, llegó el momento deseado, ¡iba a ir a desmontar!

Nada más llegar, los ojos como platos, ¡no hay tiendas! En su lugar un campo verde, de hierbas crecidas meciéndose levemente a la brisa de Urbión y, un poco más allá, un agujero en el cauce del río aparenta las fauces de un monstruo que pronto se han de cerrar para formar... ¡la presa!

No sé lo que tiene esta actividad del campamento que engancha y no será por ausencia de trabajo, no. La labor es dura y mucha, pero se compensa muy fácilmente con los buenos momentos pasados.

Se podrían contar miles de anécdotas, de las que yo sólo sé unas cuántas, pero... ¡hay tanta gente que ha colaborado!

Todavía recuerdos los primeros años, cuando nos paraba la Guardia Civil y el "fraile" que conducía el camión les contaba un montón de historias hasta que al final nos dejaban continuar, o el camión que embarrancó en la entrada un año que había llovido más de la cuenta, o aquella otra vez en que alguien inocentemente apuntó que no sería conveniente cortar un árbol para hacer más sitio a la cocina, o...

Buenos momentos compartidos con buena gente, y siempre aparecía alguien nuevo, su primera vez, y se le "integraba" (jerga de campamento, en este punto se debe leer "tiraba a la presa vestido") y se le aceptaba.

No quiero caer en la tentación de nombrar a tantas y tantas personas, no, porque a buen seguro que, al ser tantas, alguno me dejaría y eso no sería justo, ni para él, ni para mí. En estas ocasiones, yo suelo decir que ellos ya saben quienes son, ellos ya saben a quienes me refiero. Vaya para ellos todo mi cariño y estima y, por favor, cuando esté levantando ese poste o acarreando ese tronco espero que estés ahí, a mi lado, para echarme una mano porque si no, estáte seguro de que te echaré de menos, ¡amigo!

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