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Las Tumbas de los Moros
Son cinco puntos nada más, que intentan exponer la narración aproximada y sencilla de un silencio superior a mil años.La historia serrana sobre las tumbas es corta, porque escasos o nulos han sido nuestros conocimientos sobre "las ciudades de los muertos" -necrópolis-; para la gente de los pueblos su nombre era: "Las tumbas de los moros".
¿Por qué las llamaban así? La razón habría que buscarla en la casi total ausencia de símbolos religiosos o profanos y en las relaciones que habrían tenido con el mundo musulmán. Cuando encontraron esos signos, eran tan exíguos, que no se atrevían a determinar que una simple cruz asturiano-visigótica o griega, con un arco mozárabe de herradura, hallados en las necrópolis distanciadas entre sí varios kilómetros, tuvieran relación con una historia de Repoblación, parecida a la que nuestros mayores habrían iniciado unos siglos después. Solo que la ocupación de la sierra por nuestros antepasados directos, fue "pacífica" y sin los traumas constantes que debieron vivir aquellos que dejaron estos monumentos que hoy contemplamos.
Entonces el poderío musulmán estaba en expansión. Aprovechando el curso de los ríos, las racias de Almanzor llegaron hasta San Millán de la Cogolla, y por supuesto al saqueo de Santiago de Compostela, entre otros muchos acontecimientos bélicos favorables al dictador del califato omeya de Córdoba.
Otras veces, prefirieron ignorar su valor artístico, histórico o sentimental, por economía: sería el caso de la "La Cerca" y "San Martín" (entre las que conocemos con claridad). En todas existen originalidades para considerar que los pobladores que habían estado anteriormente, si eran cristianos. Eran necrópolis (las más importantes) con aldeas de un máximo valor estratégico en su día. Desde lo alto de ellas, se divisaba todo lo que sucedía en los valles.
A partir de la época de las excavaciones dejaron de ser canteras, aunque los símbolos que restan, solo nos dan opción a un bendito pataleo.
No existía base documental para contar al amor de la lumbre, aquellas historias fabulosas en las duras noches de algún invierno, bien por pastores que pasaron demasiado tiempo viviendo al abrigo de las cuevas que forman los roquedos de las necrópolis, caso del Sr. Simón Ureta y su padre, sin olvidar a los carreteros, tumbadores, etc. Alguno decía su versión que poco tenía que ver con otras escuchadas.
Las tumbas de los moros, forma de nombrar nuestros padres, abuelos... a estos lugares que muchos los recordamos por diferentes razones: juegos en la infancia, descanso y comida cuando íbamos a buscar "mículas"- níscalos, hongos o aventuras en la adolescencia, juventud... y los más por motivos relacionados con el duro trabajo de estos parajes serranos... aunque unos pocos, con el cómodo mundo de la fantasía.
Eran lugares de diversión o de paso y descanso, pero con ellas nunca tuvimos el suficiente respeto. La razón fundamental era la ignorancia. Son estos cementerios de tumbas individuales, labradas en la roca caliza y arenisca de más o menos 2.000 metros cuadrados de superficie, con la pared vertical para los nichos, en el caso de Cuyacabras, las exentas y alguna de lajas -lascas - en los periodos más avanzados. La superficie total de cada necrópolis, incluido el muro de cerramiento, dependerá de su importancia estratégica. Cada una tendrá curiosidades especiales que las hacen diferentes de las demás, incluidas las destinadas a canteras, y por tanto hoy casi desaparecidas..
Puede haber otras versiones, pues al ser aldeas y necrópolis del siglo IX y X... en plena Repoblación de la época de Fernán González, existió un tiempo posterior más propicio políticamente, en el cual, estas zonas se quedaron totalmente despobladas. Aunque este último término sería discutible, porque hay gente opinando que al igual que aún perduran restos de diversos poblados, pudieron existir varios más, que desaparecieron aglutinándose en los pueblos que hoy existen, (caso de Regumiel, Duruelo...) utilizando la piedra que ya tenían labrada no solo para construir, sino para actividades ganaderas. Aquí nos quedamos colgados, pues faltó el respeto por sus antepasados y esto es difícil de creer.
Una de las primeras historias contadas con visos de ser cierta
Hoy, a pesar de los estudios realizados, sigue manteniendose la idea de que son prehistóricas, tanto por algunos intelectuales, como por gente de los pueblos que atribuyen las necrópolis y poblados a una tribu celtibérica llamada " Los Pelendones ", que adoraban al sol y de ahí la orientación de las tumbas hacia la salida del mismo, es decir, hacia levante.
Pedro Gil Abad, el mayor estudioso sobre estos parajes, Don Ernesto Sanz y Sanz, " Hijo Predilecto de Quintanar de la Sierra " y profesor carismático y altruista de muchos serranos, -Francisco Iñiguez, citado por don Alberto del Castillo- y don Basiliso Cuesta, cura de Neila, junto con otros mantienen esta teoría sin eliminar las conclusiones del primer equipo investigador dirigido por don Alberto del CASTILLO, catedrático entonces (1.968-69-70) de la Facultad de Historia de la Universidad de Barcelona, " Pitu " su secretaria y en especial Mª Angeles GOLVANO HERRERO, licenciada por aquellas fechas en Historia y natural de la zona. Opinan aquellos que las tumbas fueron reutilizadas por las gentes de la repoblación mencionada antes. Por ello aparecen cruces, "pilas bautismales o de purificación de muertos " y una serie de estelas funerarias, que a veces se ven en las piedras de los muros de las tenadas cercanas a las necrópolis.
Necrópolis amplias, variadas, austeras y obtenidas a golpe de gubia en el mínimo espacio de tiempo
La amplitud es clara al proceder de aldeas que siempre estaban a no más de trescientos metros de las necrópolis
(los informes indican que por tratarse de habitantes de la Repoblación, pudo estar compuesta por cerca de cuatro a
seis generaciones, una centuria larga. A. del CASTILLO ) El número de
tumbas en Revenga es de 133 en una superficie de 2.000 metros y la de
CUYACABRAS tiene 175 huecos en una superficie de 2.275 metros, con los
muros de cerramiento de los que quedan los cimientos. La variedad
estriba en que cada cementerio tiene características diferentes, que cada
cual podrá ir descubriendo. La austeridad se debe a la evidencia
de ser pueblos de pastores, ganaderos y cazadores, cuya vida en esos
siglos se limitaría a su familia, el ganado, la guerra y la preparación para una vida mejor,
siempre pensando en la resurrección, de ahí que todas sin excepción estén
orientadas hacia Jerusalén, ¿en espera del Juicio Final?
Una de las cosas que más llama la atención, es los golpes de gubia o piqueta realizados para obtener la tumba con la máxima brevedad, pues salvo que el difunto ya fuera mayor, las otras muertes no estaban anunciadas. Aquí entra la generosidad, la constancia, la colaboración entre todos ellos en la tarea común de alzar las manos al cielo, identificándose con el momento religioso, que debió ser el acicate superior para sobrevivir en aquellas condiciones en que la técnica y las facilidades de vida, eran tan escasas como resignada su perspectiva de futuro terrenal.
Entonces los caminos, veredas o sendas eran tan comunes y extendidos que la comunicación entre poblados existía con facilidad y mucho más teniendo un enemigo común. El trasvase de conocimientos "oralmente" y en la práctica, dio como resultado estos monumentos que es difícil entender como han llegado hasta nosotros.
La iglesia en lo más alto, presidía la necrópolis
Nunca pudimos imaginar que bajo aquellos montones de escombros: tierra, piedras pequeñas, sillares rectangulares y bien labrados, trozos de teja, estuviera la planta de la iglesiuca vigilante. Esta cayó a plomo en los años que fue abandonada y sobre esos restos crecían helechos, matorros, pinos y en especial robles, cuya maraña de raices se introdujo en los huecos de las tumbas por debajo de las losas o se instalaron en cualquier grieta para sobrevivir. Es el caso de la amplia grieta de la roca de Cuyacabras. Salvo el eremitorio de Cueva Andrés, en el que se invierten los términos, la iglesia rústica con altar rupestre abajo, provisto del más hermoso arco de herradura. Es un ejemplo antológico de eremitorio altomedieval, el más claro y bello que se conoce en su género. La tumba del eremita en lo alto de la covacha. Los nichos están al mismo nivel que la capilla. ¿Por qué se instaló en este lugar tan recóndito? ¿Para pasar desapercibido, tal vez? El lugar se presta a ello, o era un mensajero entre poblados. Quizá tuviera un cargo importante... Además debía ser un artista por la belleza del arco y la cruz patada griega labrados en la pared rocosa. Aunque todos los que labraban las tumbas, debían tener la categoría de excelentes conocedores de la piedra que trabajaban.Todos los poblados y necrópolis accesibles, carecen de símbolos religiosos claros. Eran anónimos. Debían protegerse de incursiones enemigas, especialmente en la época de Almanzor. Las atalayas difíciles de llegar, sí tienen cruces "asturiano-visigótico-mozárabes" o griegas. Es el caso de San Martín, La Cerca y Cueva Andrés.
A la masa informe de escombros sobre "las basílicas" de las necrópolis, o del eremitorio, nunca se le dio importancia, y quedó preservando el momento, en que alguien iluminara la procedencia real de tanto trabajo durísimo y, sencillo por humilde, tallado sobre la roca, para comprender quienes pudieron ser los hombres, mujeres, niños, adolescentes y jóvenes que en estos parajes vivieron y descansaron.
Historias reales, fantásticas y románticas en la serena belleza del eremitorio
Aquellos niños, adolescentes, jóvenes... imaginaban amores platónicos, creaciones fantásticas y románticas ante el silencio y sencillez natural del entorno. La pequeña pradera rodeada de matorros, brezos, helechos, enormes pinos vigilantes y robles gruesos que abrigaron durante siglos, el patrimonio artístico-cultural del altar, la cueva, la tumba y los nichos. Era intrigante estar solo en la penumbra de esta cueva, y aún cuando era más completa que hoy, tanto, que hacía de refugio en caso de tormenta para proteger, calentar, descansar y charlar con algún pastor, tumbador, pezguero, carbonero, arrastrador de troncos-carretero...Si esto no era posible, venía como por arte de magia, la fantasía sin contaminar que trasladaba a todos los mundos imaginables.El entorno es muy propicio para la aparición sorpresiva de esos seres crepusculares: hadas, gnomos, elfos, trasgos... que tanto gustan a los pequeños: una pradera verde y rodeada de vegetación, silencio cómplice, arroyo de agua transparente, una cueva con alacenas...
Acariciando y ocultando la presencia del arco y la cruz con las finas hojas de sus ramas, un brezo elevado (berezo) les servía también de protección ante los elementos, que en la intemperie son todos: sol, lluvia, viento, hielo, nieve y en especial esos mil años, que han aguantado firmes, para poder ser hoy, piezas significativas del escudo de Quintanar de la Sierra.
Gracias eremitas. Gracias antepasados pobladores y residentes milenarios. Cualquiera que os visite deberá hacer su propia reflexión... " A aquella condición de anónimos, silenciosos, austeros, observadores, esforzados, sociables, tenaces, generosos, espirituales... Se une vuestra dureza y ardor ante las adversidades propias de aquella época, la fidelidad y entereza por la familia y la libertad del pequeño grupo no corrompido por los poderes.... haciendo trabajar nuestra imaginación al límite". Os debemos respeto, memoria y un canto en Do Mayor a vuestras virtudes.
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Ultimos apuntes La comarca serrana de pinares conocida como "Tierra de Pinares" es una autentica selva de pino albar que encierra en su interior un inesperado tesoro arqueológico. En Quintanar escondido en sus bosques de pinos se encuentra uno de los poblados, necrópolis y eremitorios alto medievales de Europa. Fechado en pleno siglo X, el de Cuyacabras es el más espectacular de todos los de la zona. Se encuentra muy cerca del pueblo, a la salida del pueblo en dirección a Neila hay un camino forestal señalizado (Necrópolis) y a unos 3 Km se encuentra este poblado, Cuyacabras. Para llegar a él hay que internarse andando en este espectacular recinto arqueológico que aparece rodeado de una tupida masa de pinos y robles. Tiene 166 tumbas antropomórficas, 13 nichos y una iglesia, excavados en una extensa superficie rocosa, dan al lugar un aire mágico y sobrecogedor. |
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También es muy interesante el eremitorio de Cueva Andrés, cercano a Cuyacabras. Fechado también en el siglo X. Es considerado un ejemplo antológico del arte alto medieval español. Entre sus restos destaca el altar, en el que aparece tallado un arco de herradura de origen califal. |
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Otra de las necrópolis se encuentran en Revenga. Otro interesante conjunto arqueológico con necrópolis, iglesia rupestre y unas misteriosas insculturas grabadas en la roca. Merece la pena pasear por los montes de Quintanar y al mismo tiempo observar los restos que nos ha dejado la historia en esta zona.
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