En otro orden de cosas, la actividad de cada día se ve engalanada con los quehaceres del "hogar". En este punto, es obligado hacer mención del ímprobo esfuerzo realizado por nuestras queridas cocineras. Todo aquello que se pueda decir para agradecerles su labor será poco. Tan sólo decir de ellas que para nosotros son nuestras segundas madres con todo el significado que estas palabras conllevan.

La colaboración en las diferentes tareas no es, seguramente, tan habitual como debiera pero algunos demuestran sus habilidades a la hora de realizar esas pequeñas, pero tan necesarias labores.

Desde aquí un agradecimiento a todos aquellos que con su pequeña aportación hacen posible la buen marcha del campamento.

Un día en el campamento es mucho más que juegos y risas. También hay que ocuparse de los aprovisionamientos y muchas otras cosas que en nuestra casa son elementales.

Algo tan sencillo como abrir un grifo, puede convertirse, en el campamento, en una tarea a realizar. Alguien se ocupa siempre de que la jarra que está en la mesa contenga agua, alguien se ocupa de que esas labores anónimas no queden en el olvido.

En los alrededores del campamento contamos con dos fuentes, si bien, mayormente utilizamos una única por ser la calidad de sus aguas muy superior a la otra. En la imagen podemos contemplar el entorno de la fuente que hemos citado. ¡No les entretengáis que están trabajando!

El fruto de toda esta colaboración desinteresada aparece ante nuestros ojos como por arte de magia. Arte sí, es la mejor palabra para definir lo que son capaces de hacer nuestras cocineras con unos sencillos ingredientes, una pizca de sal y, sobre todo, amor, mucho amor. Si a todo esto le añadimos su natural simpatía, pues... ya está.

"¡A la mesa! No habéis cortado el pan. Llenad las jarras. Venga, que estáis dormidos. Traed sillas. Faltan cubiertos. ¿Quién ha puesto la mesa", la sargento de cocina pone a todo el mundo en marcha. Si te pilla por delante...

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