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Un arco de tiendas jalona el camino, en el centro unos maderos nos advierten de lo que ha de ocurrir. Las frías noches del campa de Quintanar se ven adornadas ocasionalmente con unas cálidas lenguas de fuego que adormecen a quienes a su alrededor se juntan para compartir historias, cantos y risas. Es probablemente uno de los lugares más entrañables del campamento. En ese mismo punto un grupo de jóvenes ha finalizado cada año, durante veinticinco años, unos días de amistad, compañerismo y convivencia. Envueltos en el calor de la lumbre hemos deseado, creo que todos, que esos días se pudieran alargar aunque tal sólo fuera unos instantes que inevitablemente se acababan, entre los dedos se nos escapaba la felicidad y no podiamos hacer nada por evitarlo, pero...
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Otro lugar entrañable es, sin lugar a dudas, la presa. Hasta la
fecha (toquemos madera) no ha transcurrido ningun campamento sin sus juegos y
actividades en este entorno. Con más o menos agua en su interior siempre ha
cumplido su labor a la perfección, pero no siempre ha sido así.
En sus inicios fue un continuo foco de trabajo. Allí hicimos y fortalecimos amistades, invertimos tiempo y dinero, pusimos nuestro empeño, plantamos nuestra semilla y queremos pensar que durante muchos años se han recogido frutos. Si no lo conoces, observa la imagen... el agua... ahora, imagina gente, niños correteando, saltos al agua... risas, gritos, juegos... imagina la felicidad y ponle un marco, eso, amigo, es la presa. |
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Hay muchos otros lugares entrañables, pero sería una
labor ardua el reflejarlos todos y, sobre todo, caeríamos en el error de
dejarnos alguno. Cada persona tiene su lugar preferido, el que le recuerda
aquellos momentos que vivió un día y que guarda con celo en su corazón.
No tenemos intención de robaros esos recuerdos, simbolizaremos todos ellos con la entrada al campamento, al fin y al cabo, todo eso que en este momento estáis pensando sucedió allí... |
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